Luchadora como una leona, Gabriela lidia con su enfermedad degenerativa, pero eso no la doblega.

Por Lucía Pairola.

Los últimos 10 años en la vida de Gabriela Homenuc han sido muy diferentes a sus primeros 26. Ella misma marca el quiebre de ser una persona sana, deportista y con pocas preocupaciones a tener que reconstruir su cuerpo de modo literal.

“Todo empezó con un dolor en el dedo. Y cuando menos me di cuenta ese dolor se fue ramificando hasta llegar a mis hombros, caderas, muñecas y rodillas. No sólo me han operado unas cuantas veces sino que he estado sin caminar durante casi dos años”, cuenta esta joven sobre el inicio de la odisea.

Cuando se le pegunta por lo que padece, dice que es tan extraño su caso que debe vivir en la incertidumbre de dos posibles diagnósticos: artritis reumatoidea 0 negativa y displasia congénita, ambas son enfermedades degenerativas, las que van atacando sus articulaciones y provocándole la ruptura literal de ellas.

“Desde 2012 me empecé a operar y reemplazar partes de mi cuerpo. Siempre pensás que es lo último, pero apenas terminás con una articulación te aparece otra y en meses queda aniquilada”, detalla sobre el avance de su enfermedad.

A este peregrinar Gabriela le ha tenido que sumar una lucha sin tregua con la obra social –Apross– y un Estado que burocratiza el acceso a los derechos de quienes enfrentan la discapacidad: “A veces tengo un bajón pero enseguida me levanto. Lucho por mis hijos y porque es la única vida que tengo y estoy decidida a vivirla con intensidad”, dice, dueña de una voluntad probada a fuego.

De puerta en puerta

El caso de Gabriela es único en Argentina y muy difícil de encasillar. Así se lo han ido enunciando la decena de médicos y especialistas por donde ha intentado encontrar respuestas a su condición: “Nos dan diagnósticos, pero como el cuerpo no responde a los tratamientos no saben muy bien qué es. Lo cierto es que, sea lo que sea, me va rompiendo literalmente todos los huesos, a los que tengo que ir reemplazando”, señala esta madre de dos adolescentes.

Ya ha logrado colocarse prótesis en ambas caderas y el hombro derecho. Para poder conseguirlas debió esperar casi un año encabezando una batalla con su obra social. “En el Apross no sólo no me las querían dar sino que, luego de ser aceptadas, terminaron descontandoselas a la clínica y el médico no cobró sus honorarios”, recuerda.

Esta misma situación se ha ido repitiendo con el pedido de las nuevas dos prótesis (hombro izquierdo y rodilla derecha), las que tienen expediente desde mayo del 2016 y con promesa de una intervención para mediados de agosto.

“Lo más difícil no es pasar por las operaciones, sino todo el peregrinar para que me den lo que corresponde, lo que dice la ley que es mi derecho”, explica Gabriela con la certeza de que “todo lo hacen para que uno se canse, para que acepte lo que te dan o termines pagándolo vos”.

El principal inconveniente que encuentra es que no quieren reconocerle prótesis especiales –alta calidad y larga durabilidad–, ya que al ser muy joven precisa que las mismas tengan prolongada vida útil para no recambiarlas pronto. “Nos cansamos de golpear. Si tuviésemos el dinero seguro ya estaría toda operada, pero yo estoy dispuesta a que me lleve la vida defender mis derechos”, reconoce esta cordobesa ya jubilada por invalidez y con certificado de discapacidad.

Asumir para salir

 Gabriela combate muy lejos del lugar de víctima; cree que eso es lo que la mantiene en pie. Pese a considerarse ella misma una “bomba de tiempo”, asegura que la clave para seguir adelante ha sido no centrarse en su enfermedad. “Me ocupo de mí, pero no le presto más atención de la que tiene. Sé que es una enfermedad difícil, pero he decidido no vivir amargada sino ponerme metas y avanzar”, comparte a Día a Día.

Ella le dedica mucho tiempo a sus hijos y empezó a estudiar lo que le apasiona: “Encontré una carrera hermosa. Tecnicatura en investigación de la escena del crimen. Acá pongo toda mis energías, en aprender algo nuevo y estar esperanzada de que cuando esto se termine podré seguir adelante”, cuenta.

Gabriela, tras tanto insistir, tiene la palabra del Apross de que será operada el próximo 15 de agosto y antes de fin de año le reemplazarán el otro hombro. Estoica mantiene la esperanza de que sea la última intervención, pero su mayor deseo es contagiar la lucha que la ha vuelto indestructible.