El Lobito disfruta junto a su familia su primera semana como número uno del mundo en el tenis en silla de ruedas.

Ya pasó. Quedó atrás. Pasó Wimbledon, una semana difícil desde el punto de vista emocional para Gustavo Fernández.

Para el cordobés de 23 años no fue fácil su primera semana como número uno del mundo en el tenis en silla de ruedas.

Pero ya está. Tras caer en la final del tercer Grand Slam de la temporada, el Lobito disfruta de su familia.

Junto a su padre Gustavo, quien en la próxima temporada será el entrenador de Boca en la Liga Nacional de básquet, su mamá, su abuela y su novia, el cordobés posteó una foto en Facebook saliendo del aeropuerto de Venecia.

En Italia, juega al básquet su hermano Juan.