Con un concepto de arte libre, el dibujante Luis Paredes lleva adelante el proyecto Regalo un dibujo por día. ¿La intención? Embellecer la ciudad, alegrarle el día a alguien y promover la cultura.

Por Laura Giubergia.  

Corta un trozo de cinta azul, adhiere el dibujo a una pared cualquiera, le saca una foto y se va.

Ese es el punto de inflexión del proyecto: la pieza de arte queda expuesta a cielo abierto, a la espera de que alguien, cualquiera, venga a buscarla y hacerla propia.

“Me gusta considerar a la ciudad como una gran galería de arte con infinitas formas de acceder a ella, en donde todos puedan participar. Disfruto de compartir y contagiar, y hacer que alguien tenga un día un poquito más lindo con su dibujo en la mano”, describe Luis Paredes, mientras esboza el dibujo número 196 de su proyecto “Regalo un dibujo por día”.

“Muchos me preguntan cuál es mi retribución, y yo les explico que la retribución puede tener mil formas, no sólo económica. Promover esto de que encontrás algo y te lo podés llevar, bautizarlo, intervenirlo. Que un niño lo pinte, o que alguien quiera copiarlo. Es increíble lo que se genera”, cuenta. Y resume: “Lo hago porque me gusta, me divierte, porque quiero difundir la cultura y hacerla libre, para que llegue a más personas”.

El proyecto largó el 25 de diciembre pasado, y en principio fue pensado por un año: “Fue justo después de mi cumpleaños, estaba en el cine y me puse a dibujar en una servilleta, como hago siempre. Pero a diferencia de otras veces, quise dejarlo sobre la mesa. Le puse número, le saqué una foto, y fue así que empecé a regalar uno por día”.

Su arte fluye con la firmeza de un inequívoco trazo de tinta sobre una hoja. Su fuerte son los personajes, se crean en su mente con tanta espontaneidad que asombra, y cobran vida en la interpretación que cada quien hace de ellos.

Cada día, Paredes plasma un dibujo en una hoja, con el único objetivo de que sea de otro. Algunas veces anticipa en Facebook en dónde va a dejarlo, otras simplemente lo deja, y luego publica el lugar. Lo que pasa de ahí en adelante, para él, es mágico.

Muchas veces es un transeúnte ocasional quien se hace de la pieza, y descubre en el dorso de la hoja quién es el autor. Otras, seguidores de Paredes en las redes se apuran en buscar la obra apenas se enteran de que ya fue dejada. Su muro se viene llenando de anécdotas particulares que hacen que todo tenga sentido para él.

Historias. Luis no suele hacer dibujos autorreferenciales ni alusivos a fechas especiales, pero de vez en cuando se toma ciertas licencias, como para el Día del Padre. “Hoy es el dibujo más personal que regalo”, anunció, y mostró a un papá convertido en globo cuyo hilo es sostenido por un niño con ojos de amor y de admiración, gesticulando un ‘chau’ con la mano.

“Una chica que había perdido también a su papá lo quiso, y después de una pequeña cadena de contactos consiguió que se lo buscaran. ‘Tenía que ser para mí’, me escribió, y subió una foto suya con el dibujo en la mano”, relata.

También el 8 de marzo, con motivo del paro de mujeres, hizo un dibujo alusivo a la fecha, y la mujer que lo halló lo usó como foto de perfil durante un tiempo.

Efecto contagio. “Es como una bola de nieve”, grafica, en referencia al efecto contagio que busca promover con su proyecto. “Otros artistas empezaron a cederme algo de su obra para que la regale junto con mis dibujos los días sábados. Ahora estoy entregando poesías de Eugenia Páez, una escritora que ya no vive en Córdoba y que siente que con sus poesías vuelve a recorrer la ciudad”, ejemplifica.

La entrega del dibujo se hace cada día. Si el dibujante no está en Córdoba, regala dibujos en donde esté. Y cuando estuvo enfermo, optó por pegarlos bien cerca de su casa, pero los distribuyó igual.

Por estos días, una seguidora que viajó a África llevó 10 dibujos de Paredes con el mismo propósito, pero para distribuir en Nairobi. “Me contó que lo dejó en una especie de ‘favela’ de allá, y el chico que lo encontró le dijo que no va a ser para él, sino para todos. Y me mandó una foto del grupo”.

“Mi idea no es mostrar lo que yo hago, sino dejar que otros se apropien y lo intervengan”, concluye, mientras busca la cinta azul con la que pegará el dibujo del día.

Luis, el dibujante

“Antes decía que era ilustrador, pero ahora adopté la palabra dibujante, porque no tiene género”, explica Luis Paredes, un dibujante comprometido con las causas sociales y con la lucha contra la violencia de género.

Integra el colectivo Ni Una Menos en Córdoba, es docente, trabaja en la Universidad Nacional de Córdoba, ha hecho varios libros, uno de ellos en coautoría con su hijo Agustín (6).

“Los derechos del libro ‘Empecemos antes’ son de la escuela de mi hijo, porque ahí surgió la idea, y para no tener que contarle a él cómo son las cosas preferí involucrarlo en la historia”, describe.

Cuando expone ese libro sobre la violencia de género, se propone que los niños cuenten lo que ven en cada imagen, “porque ellos no tienen filtro” y muchas veces relatan lo que viven en sus casas. “Es muy movilizador, suceden cosas muy fuertes”, resume.