En cada elección se achican los padrones de parajes y poblados del interior. Siete se quedaron sin votantes en la última década, y 20 siguen el mismo camino del olvido.

Por Juan Manuel González.

Cada elección deja ganadores, perdedores y, también, caídos del mapa, pequeños poblados que crecieron a la sombra de las revoluciones, de las estaciones de trenes y de las minas o cultivos y que se fueron despoblando hasta quedarse sin nadie que vote. En los últimos 10 años, siete pueblos desaparecieron de los padrones, y una veintena más sigue ese camino tras perder más del 60 por ciento de sus electores en ese periodo.

Esto pasa en el paraje La Curva, llamado formalmente Cañada de Machado Sud, al que le quedan un teléfono semipúblico, un almacén de ramos generales y boliche en el que se exhibe una foto de Ramón Mestre padre cuando era gobernador, una escuela con un alumno, una casa habitada y nueve electores. Nueve. Ni uno más. Hasta no hace tanto había más de 100 empadronados, pero la sangría de vecinos es imparable.

Lo que ocurre en este paraje ubicado a unos 70 kilómetros de la ciudad de Córdoba, cerca de Rincón y de Villa del Rosario, no se trata de un caso aislado: en General Paunero, La Concepción, Capilla del Carmen (la de Ischilín), San Antonio Yucat, Huascha, Santa Rosa y Ciénaga de Britos se fueron todos los votantes.

Y otros 20 poblados se encaminan a perderse en los caminos del olvido de la política. A Corral del Bajo, en el departamento Unión, le quedan siete electores. Y a Cañada de Machado Sud, conocida como La Curva, estos nueve que Carlos Alberto Juárez, 72 años, nacido y criado en este paraje en el que alguna vez tocaron Carlitos Jiménez y “Coquito” Ramaló, conoce de memoria, con detalles precisos de vida y obra.

No siempre fue así. “Hasta hace poco teníamos 110 empadronados, pero la gente se fue yendo al pueblo (Rincón, a 12 kilómetros) y ahora no queda nadie”, dice don Juárez. Los datos lo confirman: en las elecciones de 2007, 55 ciudadanos estaban empadronados para votar en la sencilla escuela de este paraje del departamento Río Segundo. En 2013, había apenas 24 ciudadanos en condiciones de votar. Y ahora estos nueve, aunque son muchos menos quienes viven actualmente allí: don Juárez y su esposa, “Porota” Wolowicz, y una pareja de apellido Albano (a dos kilómetros del “centro” de La Curva) son los últimos custodios del pueblo y de la memoria colectiva que nace en 1813.

En los pueblos que van desapareciendo quedan capillas de todos los tiempos que el silencio y el abandono consumen. La que está en La Curva abre sus puertas cada tres meses. “Ahí nos juntamos a rezar. A veces somos 10 ó 12, y otras veces estamos solitos”, cuenta “Porota” Wolowicz, hija de un polaco trotamundos y vendedor ambulante que encontró en este pueblito un lugar para quedarse.

Porota se casó con Carlos Juárez y juntos vieron cómo el pueblo creció hasta tener una posta policial, un dispensario, una escuela, una pista de baile con tinglado y la iglesia, que pronto cumplirá 50 años.

En Huascha (Ischilín), por ejemplo, la capilla del siglo XIX enclavada en el parque natural Chancaní se quedó sin fieles. El pueblo se quedó antes sin electores: la última vez que se votó allí fue en 2009, según los datos de la Justicia Federal electoral publicados en el portal de datos abiertos de la Municipalidad de Córdoba.

En La Curva no siempre fue así. El almacén de ramos generales y boliche de Don Juárez está completamente desértico. “Había que atajar a la gente: cuando yo era chico había dos boliches y en cada uno había 200 personas para jugar a la bochas o tomar cerveza; había que llegar antes de las 11 de la mañana para agarrar un turno (en la cancha de bochas). Eran tiempos en los que no había autos, así que no se iba al pueblo”.

El almacén está bien equipado: tiene desde maquinitas de afeitar hasta quesos y salamines. En el boliche hay vermú, vino y soda.

El retrato de Mestre, la foto oficial que se distribuyó en cada repartición pública en 1995, cuando asumió la Gobernación, delata que don Juárez es radical.

 

“Quiero que Javier (por el intendente Ramón Mestre) venga a comer un asado”, dice don Juárez. Bromea con que cada año es más fácil “puntear” el padrón, aquella acción a la que los punteros le deben su nombre. 

La Curva está en una “zona gris”, sin autoridad política. La presencia del Estado se resume en la escuela a la que le queda un alumno y en la vía blanca de cuatro lámparas que la comuna de Rincón paga.

El día de las elecciones es previsible en La Curva: “A las 10 de la mañana ya votó todo el mundo, así que hay que quedarse hasta las 6 (de la tarde) tomando mates o comiendo un asadito con los policías y los militares que vienen para la custodia de la urna”. Ese es el plan para el 13 de agosto, el domingo de las Paso, y para el 22 de octubre, el domingo en que se definirá el próximo Congreso Nacional.

En este rincón de Córdoba, nueve argentinos irán a votar. Quizá lo hagan por última vez en este paraje en el que alguna vez tocaron Carlitos Jiménez y “Coquito” Ramaló.

El sube-baja del padrón. De acuerdo a los datos publicados en el portal de Datos Abiertos de la Municipalidad de Córdoba, que también fueron analizados por el colectivo Open Data, el crecimiento de electores en toda la provincia fue de 3,64% entre los comicios de 2015 y los de este año. Están habilitados para ir a las urnas 2.884358 cordobeses nativos o por opción, 101.236 más que en 2015.

Sin embargo, el crecimiento no fue parejo: el departamento Santa María fue el que más aumentó su cantidad de electores, sumó 7.155 en dos años con un crecimiento del 8,32 por ciento; mientras que Pocho sólo sumó cinco electores desde 2015 (un incremento de 0,11 por ciento).

Además de Santa María, los departamentos en los que la cantidad de electores subió por encima de la media son: Colón (8,14%), Calamuchita (7,8), San Alberto (6,7), San Javier (5,8) y Punilla (5,2).

Los que menos crecieron, además de Pocho, son: General Roca (0,60%), Marcos Juárez (0,90), Minas (1,2), Tulumba (1,2) y Roque Sáenz Peña (1,5).

Córdoba ciudad registró un incremento de 3,13 por ciento en la cantidad de electores en 2017 respecto de 2015. Y Río Cuarto, capital alterna de la provincia, el crecimiento de votantes fue de 1,9%.

Los departamentos de la pampa gringa crecieron por debajo del promedio: General San Martín aumentó su padrón en 2,9%; San Justo, 2,8; Juárez Celman, 2,6; Río Segundo, 2,5; Unión y Tercero Arriba, 1,9 respectivamente.

Los departamentos del norte crecieron por encima de la media: Cruz del Eje e Ischilín, 5% respectivamente; Totoral, 4; Sobremonte, 3,9; Río Primero, 3,7; y Río Seco, 3,7%.