La narración oral es un arte ancestral en el que todavía queda mucho por descubrir. Una actividad para hacer volar la imaginación.

Por Gabriela Martín.

De niños, un relato puede disparar la imaginación hacia lugares mágicos e historias fantásticas. De adultos, provocar risas o lágrimas; llamar a la reflexión o despertar admiración. Grandes o chicos, todos caemos bajo el hechizo de una “atrapante” narración.

Los cuentos traen consigo la magia de quien lo interpreta, las imágenes sugeridas por el relato, las miradas que se encuentran. Contando (y escuchando) historias, alimentamos el alma y ayudamos a sacar fuera los miedos. En Córdoba, la Escuela Latinoamericana de Cuentería NarraCuentos trabaja en la formación de quienes quieran incursionar en el arte de contar historias y se enorgullece al saber que sus cuenteros trascienden las fronteras de la provincia.

“Desde hace muchos años nos basamos en la construcción colectiva del conocimiento. El que llega sabe que ese día empieza las clases, pero no hay fecha de finalización. Intentamos formar un cuentero que sea comprometido socialmente, un actor social, alguien que cuando va a contar un cuento, cuente lo que le sale del alma, lo que siente, lo que sabe que es su filosofía y su convicción”, dice a Tu Día Alejandra Oliver Gulle, directora de la Escuela de Cuentería NarraCuentos.

Y agrega: “Así como el actor se disfraza para interpretar diferentes papeles, el narrador se desnuda. Hay que buscar que cada uno sea el personaje que es, quién mejor que vos para hacer de vos. Nosotros hablamos del método Pepa; preservar estilos, potenciando la actitud; porque creemos que uno tiene que ser auténtico”.

La vida, un cuento. Oliver Gulle cuenta con muchos años de oficio y conoce a la perfección el mundo de la cuentería. Aprendió a contar casi al mismo tiempo que a hablar. “Cuando yo tenía un año mi abuela me buscaba para llevarme a su casa y me paraba en los pilarcitos de cada casa vecina y yo le contaba (y cantaba) Estaba la paloma blanca, sentada (…). A veces me pregunto si esa habrá sido la primera vez. O, si fue cuando Rubén López apareció en El Andén y nos convocó a los cuenteros. En aquella ocasión conté uno que para mí fue el más difícil de mi vida; ahí empecé a caminar con esto y me fui encontrando con qué es un cuentero”, relata.

El narrador, el cuento, el público y el espacio/tiempo son las bases sobre las que se trabajan. Pero, para Alejandra, la gran virtud que debe tener un narrador es la de un ser humano comprometido. “En la escuela hemos aprendido que los cuentos no nos eligen, que ni siquiera nosotros los elegimos. Nosotros sabemos que todo es contable y que el cuento está puesto en función de lo que uno quiera contar, le vas poniendo tu impronta”, dice la directora de NarraCuentos.

Y sigue: “El trabajo del narrador empieza con la búsqueda y la búsqueda está basada en la lectura; también en la investigación. Las preguntas a los abuelos o aquellas personas con un trayecto de vida más largo son muy importantes”.

En el universo narrativo, todo se puede contar. Si la historia es muy larga se puede editar y hacer más corta; lo más importante es saber qué es lo que queremos decir en determinado momento de nuestra vida. “Uno se compromete socialmente con lo que está diciendo”, cierra la narradora.

De ronda

Los segundos viernes de cada mes, de 18 a 20, Espacio Comunitario Gratuito, para escuchar cuentos en familia. Organizado por la Escuela de Cuentería NaRRaCuenToS, en el Centro Cultural Graciela Carena (Alvear 157). Una convocatoria especial para escuelas e institutos de formación terciarios.

Participan narradores de la Escuela de Cuentería e invitados especiales. Ronda de cuentos para distinto tipo de público.

La escuela. La modalidad de cursado es de cuatro horas semanales. Las edades son muy variables y no hay límite de edad.

Su valor

» Revaloriza y resignifica el poder de la palabra.

» Cultiva el respeto por los valores humanos.

» Propicia el descubrimiento del goce estético. La toma de conciencia del disfrute ante la manifestación artística.

» Anima a la lectura y a la escritura.

» Incentiva la actividad creadora como estímulo para la superación personal y el fortalecimiento de la autoestima.

» Combate la falta de comunicación.