En silencio se venía trabajando en el terreno que fue calado de punta a punta para colocar caños y mejorar el drenaje. El presidente de la Agencia Córdoba Deportes lo explicó.

Por Julio Moya

Como si estuviera frente a uno de sus alumnos en el Santo Tomás, Medardo Ligorria trata se de ser lo más minucioso, didáctico y paternal para explicar con notable entendimiento qué es lo que está pasando otra vez con el campo del Kempes. El piso, surcado de costado a costado con líneas de arena alternando en el verde del césped, denota el marrón arenoso que cubre en una última capa a cada una de la línea de caños subterráneos que, de ahora en más, constituyen el nuevo sistema de drenaje del terreno de juego del estadio mundialista Mario Kempes. Risueño y gentil con la consulta de Día a Día, el presidente de la Agencia Córdoba Deportes no se aparta del pensamiento que hoy, consumada la obra, lo gobierna: “El Kempes será de los mejores del país. Entre los tres mejores campos de juego. Ya vas a ver, estoy seguro”. La certeza se la dan los ingenieros, los consultores, los empleados en un número de casi 40 que le dieron forma a la última obra “traumática” que vivirá el terreno de juego del estadio.

“Lo que se le realizó al campo de juego es una intervención con el objetivo de mejorar el drenaje. Por dos aspectos puntuales, el primero y esto es clave y determinante es que todos sabemos que a partir de septiembre va a llover mucho. Y el segundo porque había sectores que se analizaron que en determinadas partes del campo de juego no drenaba bien”, resaltó Ligorria.

Este tipo de trabajo, tal cual lo afirma el directivo de deportes de la provincia ya se hicieron en estadios como el de River, Boca, San Lorenzo o Colón. La decisión se tomó hace un mes y comenzaron a trabajar unas 40 personas a lo largo de las últimas cuatro semanas. Fue un trabajo de cavado de lateral a lateral en el estadio y de allí en más, se colocaron caños de pvc que desembocan en desagües en los dos costados de la cancha y de ahí el líquido deriva en el foso del estadio con dirección al río.

Esta obra, significativa, evitará “inundación” o imposibilidad de jugar partidos ante días de intensa lluvia. “Es lo que trataremos de que suceda, salvo que tengamos tormentas enormes e incontrolable, sin embargo va a acrecentar la salida del agua rápidamente”, confirmó el Lomo.

–¿Y por qué no se realizó este trabajo cuando se cambió todo el piso del estadio en ese momento?

–Muy simple. Cuando se decidió el cambio del campo de juego tenía 80 centímetros de espesor. Esto hacía que tuviera un mejor escurrido. Esa capa permitía un rápido drenaje. El problema no se evidenciaba. Cuando apareció esta observación sobre el drenaje, cuando vimos que en algunas partes del campo el escurrido no era similar a otros sectores es porque ahora el ancho tiene 45 centímetros de espesor y tiene menor caída y menor cuerpo, y así menor absorción. Por eso hicimos estos estudios que en algunos lugares drenaba bárbaro y en otros no. De esta forma tomamos la decisión de hacerlo ya y no esperar hasta diciembre.

–¿Por qué la capa tiene ahora un espesor a mitad de la que había?

–En los campos de juego, en cada etapa de resembrado el terreno crece, por colocación de tierra o arena, al menos un centímetro o dos. Y eso se irá incrementando con los años. Cuando crearon el viejo Chateau (cuarenta años atrás) el alto del terreno era similar al que colocamos (en enero) en el cambio total de los áridos y del campo de juego.

Ligorria se siente confiado en que la cancha del Kempes no le traerá más dolores de cabeza a su administración. Está claro que mucho ha sucedido en tan poco tiempo, con la Selección Argentina en Córdoba incluso (aunque no era su gestión) con polémicas que dieron la vuelta al mundo.

El Lomo para la pelota y reafirma: “tenemos que lograr que el campo responda de la mejor manera. Hace seis meses atrás para regarlo andábamos con una manguera y hoy hay riego por aspersión. Hoy llueve y se va a poder jugar porque el drenaje será correcto”.

Queda por ver cuando sea el turno de las lluvias, cuando la pelota circule y cómo impactará la obra en los próximos partidos. La prueba de fuego será el próximo 6 de agosto, cuando jueguen el clásico amistoso Talleres y Belgrano. Será la primera prueba de fuego.