Villa Crespo. Los vecinos se quejan de que desvalorizan el barrio, ocupan espacio para estacionar y se convierten en basurales, sobre todo en las calles internas. La avenida es el principal polo automotor de Capital. (De La Razón) 

Warnes es la avenida de los autos. Históricamente. Desde Scalabrini Ortiz, en Villa Crespo, hasta Jorge Newbery, detrás del Cementerio de la Chacarita, las cuadras colapsan de locales para la industria: paragolpes, chapa y pintura, polarizados, talleres mecánicos, gomerías, tapicerías, alarmas y repuestos de todas las marcas y modelos, entre otros.

Los vecinos del barrio ya están acostumbrados a esquivar autos estacionados en las veredas (pese a su prohibición), a escuchar las alarmas de fondo y a caminar más de lo que quisieran para encontrar una verdulería, una librería o una farmacia disponible. A lo que no logran acostumbrarse, según dicen, es a ver frente a sus viviendas la acumulación de autos abandonados. Y aseguran que el despliegue de estos vehículos es mayor que en años anteriores en las inmediaciones de la emblemática avenida. En una recorrida por la zona, La Razón comprobó que el problema se agrava en las calles internas.

En el perímetro comprendido entre Apolinario Figueroa-Scalabrini Ortiz, Juan B. Justo, Murillo y Virasoro, se contabilizaron cerca de 50 autos abandonados, ya sea con las gomas desinfladas, sin capó ni ventanillas, sin chapa patente o con bolsas de basura adentro. Las cuadras más afectados son las de Olaya al 1700 (con seis coches), Luis Viale al 300 (también con seis), Belaustegui al 200 (cuatro) y Thames al 0 (cuatro).

Además de desvalorizar el barrio, los vecinos se quejan de que la chatarra genera suciedad, mal olor y facilita que las personas en situación de calle se instalen durante las noches. “Cada día hay un auto nuevo. Ya llamamos al 147 e incluso fui personalmente a la sede comunal; te piden un montón de datos, te piden que les saques fotos y que cargues auto por auto en la página web, pero aun así el problema se acrecienta”, explica Osvaldo, un vecino de la zona que prefirió no dar su apellido.

“La mayoría de los autos pertenece a los locales, que utilizan sus repuestos para hacer reparaciones. Por eso cuando los inspectores les pegan un sticker de advertencia, los comerciantes al otro día lo corren de lugar y lo mantienen en la calle”, se queja Edgardo, otro vecino. Y señaló que varias carcazas con estas características se adelantan y exhiben un cartel “en reparación” para esquivar las grúas, como por ejemplo ocurre con la camioneta blanca Isuzu varada en Olaya 1789.

“La realidad es que los desarmaderos cercanos se nutren de estos coches y los dejan por acá con total impunidad”, agrega otro hombre de la zona. De acuerdo con la Ley Nº 342, un vehículo se considera en situación de abandono cuando permanece 48 horas ocupando el mismo espacio en la vía pública.

Los vecinos pueden reportarlo a través del sitio www.solicitudes.buenosaires.gob.ar o llamando a la línea 147. Cuando la Ciudad recibe una denuncia, los inspectores de la Comuna corroboran en el lugar la presencia del coche y le pegan un cartel dándole diez días hábiles al dueño. Si pasado el plazo el auto sigue allí, la grúa se lo puede llevar a una playa de acarreo en Barracas. Si no son reclamados, después de un tiempo terminan desguazados y compactados. Si bien desde la Secretaría de Transporte porteña no tienen cifras precisas de cada barrio, sí reconocen el compromiso de los vecinos para reportar esta situación.

En el primer cuatrimestre del año, recibieron 4.175 denuncias. “Desde la Ciudad detectamos este incremento en la demanda de los vecinos, por eso trabajamos para dar cumplimiento a los pedidos una vez que el vehículo ya fue abandonado. El año pasado ese trabajo dio como resultado 1.815 vehículos removidos”, destacó Facundo Carrillo, subsecretario de Demanda Ciudadana.