THE CASERO EXPERIMENDO. Por Alfredo Casero. (De La Razón) 

Cuando accedió al sumo pontificio el Papa (¿quién otro subiría ¿Zubeldía?), y un señor de la televisión, creo que de Canal 13, decía “Uh, Uh, Uh” y se agarraba la cabeza, yo le pedí, al otro día (al Papa nuevo, no al señor), si había posibilidades, por conocimiento telúrico -hablar de La Pampa y entender ambos qué significa-, en una pronta entrega, como un favor personal, a cambio de un paquete de buenas acciones, si podría hacerle llegar unos cuatro cartones de Salem al cielo, a mi amiga Vivian, que debía estar pasándolo muy mal sin sus mentolados.

Luego mandé algunas que otras humoradas pequeñas, siempre por Twitter, que supuse podían hacer reír a un hombre inteligente. Pero enseguida se acercaron los políticos a explicarle el mate, luego San Lorenzo y Tinelli, y después, todos los oscuros de la paleta que se sintió entronizada por la vida eterna en un poder donde, a juzgar por lo robado, no quedarían ni picaportes en Argentina.

Y me di cuenta que el Vaticano, y cualquier otro acumulador de oscura energía religiosa, digo oscura porque en las liturgias, los trajes por no decir disfraces de algo que no conozco- me asustan, las catacumbas, las simbologías, las costumbres cercanas al dolor, o no sé bien qué, me asustan. Me hacen tener un miedo ante lo magnánimo que creo que no necesito. No necesito tener miedo, tal vez ni siquiera necesite una bendición, o una simbología que me ate de alguna manera, que me haga sentir distinto a otro ser humano (ojo, también les tengo miedo a los rabinos, porque muchas veces parece que uno les va a decir “buen día” y se van a cagar enojando).

En fin, las religiones me dan miedo. Trato de vivir por la libertad y, en lo único que he logrado absoluta confianza, es en la paz del perro cuando lo acaricio, o mirando el mar, o tomando soda, que creo que es uno de los inventos más increíbles del mundo. Una vida más acética no puedo tener. Y ojo que soy el que cambia con sus propias manos la correa de distribución del auto.

El sol es magia, pero cambiarle la correa de distribución a un auto y que salga andando también lo es. Todo lo que tenga luz es hacia donde tenemos que ir, porque en la oscuridad se juntan los oscuros. No han tocado estos últimos tiempos hermosas liras, ni hay necesidad de adornos que muestran angelitos con pititos. Estos últimos tiempos han sido duros, y si mirás hacia otro lado, mirá hacia las montañas aunque no las tengas cerca. Remové de los ojos al corazón imágenes del futuro y no del pasado. El tren se ensucia al igual que los colectivos nuevos, pero viene una lluvia y lo limpia, un 30% menos de lo que necesitaría para estar limpio.

No hay más derecho a ser libre porque la libertad absoluta es una ridiculez, algo imposible, porque los oscuros se juntan en la oscuridad. Y en estas ciudades superpobladas, hay que tener cuidado porque a tu casa te la jaquean las antenas. Rajate cuando puedas, hay demasiada maldad en todos lados, pero hay demasiada luz donde está la luz, y por esa luz no le debes nada a nadie. Cuando a Einstein le preguntaban si creía en Dios, decía que creía en el Dios de Spinoza, googleá, no seas vago, querido subtenauta.

Besos

Casero

PD: ¿irás en ese tren que pasa por enfrente de mi habitación?

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