El pacto que Giselle Rímolo no cumplió y por el que fue agredida en prisión



La falsa médica pasó un tiempo en el penal de Ezeiza, donde llegó a un acuerdo con las presas y luego lo rompió.

María Silvina Prieto, condenada a perpetua por un crimen, ahora en libertad. convivió en el penal de Ezeiza en 2004 con la falsa médica Giselle Rímolo, quien fue detenida este miércoles por ejercicio ilegal de la medicina y pasará siete años en prisión. En 2013, Prieto escribió sobre sus días con Rímolo en el libro Crónicas Tumberas.

Giselle Rímolo contaba con un séquito que la seguía a todos lados. Aunque se trataba de amoldar a la vida tumbera lo mejor posible, nunca pasó desapercibida. Se cuidaba tanto en las comidas como en el más mínimo de los detalles de su imagen. Algunas de las compañeras hacían de estilistas, manicuras, cosmetólogas o psicólogas. En esta vida todo tiene un precio. Giselle lo pagaba sin chistar”, sostuvo.

En su libro, Prieto relata que Rímolo hizo un pacto con algunas de sus compañeras, que después no cumplió y por lo que fue atacada sexualmente con un palo de escoba cuando pisó por segunda vez Ezeiza. El arreglo era que las internas la asistían y ella las ayudaría económicamente al salir de la cárcel. Pero Rímolo creyó que nunca volvería a la cárcel y jamás cumplió con el compromiso asumido a la fuerza, por lo que las mujeres se vengaron.

Su abogado, Roberto Schlagel, le contó a TN que “ella tiene un estado psiquiátrico de estrés postraumático, producido por una brutal agresión que sufrió en su segunda detención en el año 2004 en el penal de mujeres de Ezeiza”.

Cuando la fui a ver estaba pelada, le habían arrancado los pelos a tirones y agredieron analmente y vaginalmente con un palo de escoba. Tenía serias lesiones internas, ginecológicas. Ella me contó que había aceptado por las presiones darle dinero a sus compañeras; nunca pensó que iba a regresar a la cárcel. Cuando la vuelven a detener, la mandaron al mismo pabellón y las otras internas la esperaron con una venganza”, explicó.

Según Prieto, al salir de la cárcel en 2004, Rímolo “se fue un viernes, envuelta en un tailleur de reconocida marca de color rosa, que hacía juego con las uñas recién pintadas y el pelo medio ondulado. Nunca pareció una presa común, tampoco lo era, pero se encargó de no sobresalir demasiado”.