Dolores Fonzi: “Tengo hambre de hacer todo”



Hay otra energía en mí, como un movimiento interno que me pide más. Hasta pienso en dirigir, dice la actriz que vive uno de los mejores años de su trayectoria.  (de La Razón)

Por Javier Firpo

Habla de energía, de renovación, de ganas de aprovechar el tiempo, de recuperar el terreno perdido. Dolores Fonzi está atravesando un gran año en lo profesional, que la tuvo en el candelero con “Nieve negra” y “La Cordillera”, junto a Ricardo Darín, luego fue reconocida en el Festival de San Sebastián, donde se estrenó como jurado de una competencia oficial y ahora se luce con un papel más llano y natural, distinto al que le conocemos, en “El futuro que viene”. Se trata de la muy agradable ópera prima de su amiga Constanza Novick, que justamente hace foco en la amistad, y es coprotagonizada por Pilar Gamboa. “Me encantó meterme en ese mundo de la amistad femenina, de cómo perdura con el paso del tiempo en épocas tan distintas como a los doce, a los veintipico y a los treinta y pico. Todo me parecía interesante”, cuenta Dolores, que también remarca del film “el buen tratamiento que hace de la maternidad, de cómo las mujeres estamos un poco condenadas a que si somos madres nos tenemos que dedicar a eso y debemos estar felices… y no es tan así siempre”, se sincera.

Se advierte que desde hace un tiempo estás muy metida en el mundo del cine… después de haber estado guardada un tiempo…

Creo que en los últimos años apreté el acelerador: “El crítico”, “La patota”, “Nieve negra”, “Truman”, después hice un año de tele con “La leona”, filmé otra peli en México, “Restos de viento”, “La Cordillera” y ahora “El futuro está aquí”.

Reapareció la actriz que estaba en el clóset…

Salí a la superficie… Pero no, en serio: ser mujer hoy, ser madre de hijos chicos, implica guardarse, postergarse, enfocarse en otras actividades caseras que tenés que hacer. Tengo hijos (con Gael García Bernal) que fueron deseados pero, de repente, me vino el síndrome de abstinencia y tuve la urgencia interior de ganar el tiempo perdido, una competencia imposible…

La ecuación mujer-madre, ¿es un poco injusta?

Ser madre es incomparable, pero a la vez muy pesado… No es ninguna novedad. No estoy inventando la pólvora. Es muy fuerte si lo pensás en serio, a conciencia…

En tu caso fue como que te olvidaste de tu rol de actriz…

Es que de pronto desaparecés de la tierra, no existís, tu vida, tu cuerpo y tu amor tienen un solo destinatario. Como vivimos en piloto automático no nos damos cuenta, pero si nos ponemos a reflexionar aparecen las sensaciones encontradas…

¿Te rebela, te moviliza esto de la mujer postergada?

Es que desde el vamos la mujer queda esclava de ciertas formas, de ciertas etiquetas. Pero no me interesa ser una vocera de estos temas, yo sólo hablo desde el lugar de madre, de mujer.

¿Cómo es la Dolores madre?

Pesada, re-controladora… Con este aparatito -muestra su celular- quiero estar en cada detalle. Qué hacen, a qué hora salen de la escuela, qué comen… Estoy muy hincha bolas con la alimentación: “¿Comiste carne? ¿Comiste verduras, pescado?”. Estoy muy estricta en esas cuestiones, no me da lo mismo, hay mucha porquería que tienta.

¿Te sorprende ser así?

Y, un poco sí. Seguramente yo hace quince años no hubiera sido una madre tan obsesiva, porque era una mina más tiro al aire, pero bueno, una no crece al pedo, menos mal… Pensá que yo hoy hago gimnasia, algo que odio… ¿Qué es eso de correr en la cinta hacia ningún lado?

Se acercan los 40, Dolores…

Ya sé… Por eso lo hago, para maquillar el deterioro, que es cruel (ríe).

Hay conciencia por la vida sana…

Hay una nueva corriente de sanidad que no existía cuando éramos chicos. Hay mayor conciencia por la calidad de la comida, por la cantidad de agua que tomás…

¿Te imaginabas que estarías pendiente de estas cosas hace 15 años?

Antes no me importaba nada, hacía la mía, pero ahora es como que sí o sí tenés que hacer algo. La cantidad de publicidad sobre el fitness, la alimentación orgánica, el body-pump o crossfit… Nunca imaginé que yo iba a estar hablando de esto.

Siendo la mujer de un realizador como Santiago Mitre, ¿asoma el interés por la dirección?

Sabés que sí… Y un poco de culpa la tiene Santiago, que es el artífice de esa locura, quien me insiste y me estimula para que me ponga detrás de cámaras. Confía en mí, se ve que cree que tengo pasta para eso… En “La Cordillera” hubo pasajes en que fuiste asistente de dirección…

Tuve unos momentos en el rodaje y hasta me atreví a darle indicaciones a Darín… ¡Qué descarada!

¿Te sentís con el carácter suficiente para encarar ese desafío?

Aflora una faceta fuerte que tiene que ver con ideas para filmar, que se las propongo a Santiago y es ahí cuando él me dice que tome la iniciativa. Debe estar asomando la directora que llevo dentro.

Se te ve más voraz en lo profesional.

Hay otra energía en mí, tengo necesidad de hacerlo todo, tengo hambre de hacer todo. Dos obras de teatro a la vez, mucho cine y ese movimiento interno que me pide y me pide más. Quiero sacarle el jugo a esta renovación, estoy atravesando un momento de incentivación. No sé si será la llegada de los 40, pero hoy mi pensamiento está más en lo material que en el amor al arte. ¿Tiene algo de malo?

Ficha: “El futuro que viene” De Constanza Novick, con D. Fonzi, P. Gamboa, E. Bigliardi, J.M. Yazpik, V. Lois, F. Dyszel. Drama. Duración: 85min.

Es un viaje emocional hacia el interior de una amistad. Desde el primer amor, hasta el primer divorcio, Romina (Fonzi) y Flor (Gamboa) atravesarán juntas las distintas etapas de la vida: desde muy chicas, a través de efectivos flashbacks, hasta llegar a un presente que las reencuentra con marcadas diferencias. Muy plausible ópera prima de Constanza Novick, que brindó frescura e interés a un tema remanido en cine. Además, logró que Fonzi se luciera en un rol opuesto al de “La Cordillera”.