VíaPaís

Guionista, dramaturgo y director, está al frente de dos de los éxitos de la calle Corrientes ("Nuestras Mujeres" y "Los vecinos de arriba") y otra obra, "Clarividentes", en El Callejón, su espacio teatral. (De La Razón)

Por Javier Firpo

Le gusta pensar la respuesta. No contesta al voleo. Es de los artistas que, por defecto profesional, reflexiona, medita y también se atormenta. La escritura de una obra o de una novela es un refugio para darle rienda suelta a la creación, para divertirse con las ocurrencias y sus locuras… para zafar del temido aburrimiento.

Javier Daulte no conoce su techo, ni le interesa saberlo. Se mete en la dirección de una, dos, tres piezas en simultáneo, edita su primera novela (“El circuito escalera”) y se pone al hombro su teatro El Callejón, espacio con una personalidad e impronta cada vez más marcadas.

¿Cómo hace Daulte para desdoblarse?  “Mi laburo es placentero siempre. Y mientras hago todas esas cosas, estoy pensando y pergeñando hacia dónde quiero ir en términos creativos. Una obra, una novela, importa menos por su valor específico (que lo tiene y mucho), que por estar ubicada en un punto de un camino. Y ahí importa más qué hubo antes y qué viene a continuación”, analiza el director de “Nuestras mujeres”, “Los vecinos de arriba” -dos hits de la avenida Corrientes- y “Clarividentes”, esa criatura que va pisando fuerte en el circuito alternativo.

¿Disfrutás hacer tantas cosas relacionadas a la creación?

La paso muy bien escribiendo y ensayando. Y en ambos casos lo que me fascina es ese momento en que se advierte que “ahora hay algo donde no había nada”. A veces, no todo el tiempo, me siento un mago.

¿Cómo es dirigir a esos dos monstruos que tenés en el teatro Metropolitan? Un Francella, un Marrale o un Peretti, ¿te piden que estés en todas las funciones?

Al comienzo iba a todas y me las veía completas, porque se trata de un período delicado porque la obra va entrando en contacto con eso que llamamos “público”. Luego, cada espectáculo encuentra su media artística y ahí los puedo ir “dejando”. Pero igualmente los elencos necesitan contención.

En el comercial eso es más sencillo, ¿no?

Es que hay un equipo de producción que está atento a las necesidades cotidianas de los elencos. En el alternativo, quizá, no está siempre ese equipo de producción entonces aparezco más. Por suerte me llevo muy bien con los actores y siempre les gusta que esté, vea o no la función… “Clarividentes” es la última y más llamativa creación de Daulte: impo nente, caótica y desconcertante. ¿Salió la obra pensada de antemano? ¿O acaso se trata de un nuevo Daulte? “Me lo pregunto yo también… Tener mi teatro me permite experimentar a mis anchas. No creí que la obra iba a desconcertar tanto… Mi idea es que siempre buscamos que a la realidad la ordene una ficción, un relato, el problema de hoy es que no hay más relatos (hablo de esos grandes, que hunden sus raíces en la filosofía) y nos aferramos a lo que comprendemos. La realidad tiene la frágil consistencia de un relato. Sería, una vez más, la frase de Shakespeare que inspiró ‘El sonido y la furia’, de Faulkner: ‘La vida es un cuento contado por un idiota, con mucho ruido y mucha furia y que no significa nada’”. 

¿Qué comentarios cosechaste?

Hay quienes acceden con complicidad a la propuesta y la disfrutan mucho, y otros que piden claridad y hasta se encajan un poco. Es curioso, pero los jóvenes la disfrutan sin ningún prejuicio.

¿Cuánto cambia el director que sos a la hora de dirigir a Francella y a Perett Mauro Alvarez y Carla Scaterelli, actores de “Clarividentes?

Yo soy el mismo. La diferencia en los actores tiene que ver con el millaje acumulado. Aunque igual cambia do según el caso. Sería un error generalizar. Siempre trato de descubrir lo antes que puedo cuál es el mecanismo que cada actor despliega a la hora buscar al personaje. Entonces detecto: “éste es más mental”, “éste, emocional”, “éste ya se sabe la letra”, “a éste le cuesta ahondar en las emociones.

¿Qué significa “millaje acumulado”?

Los actores con recorrido tienden a saber mucho (y más que muchos directores), entonces hay que andar con cuidado y no pretender “enseñarles” lo que ya saben… Además hay que tener clara una cosa fundamental, que es simple pero nadie la toma en cuenta: uno no dirige actores, dirige personas.

¿Cómo vas viendo el crecimiento de tu hijo Agustín? ¿Te pide consejos?

Creo que es un hermoso actor. Lo veo en “Hidalgo” (El Camarín de las musas”), de María Marull, y me siento orgulloso. No me equivoco al decir que es un artista. Agustín me cuenta sus cosas pero no me pide consejos, sino que vamos charlando y creo que así se da la transmisión…

¿Con qué locura soñás para El Callejón?

Si me apretás y me preguntás qué sería esa barbaridad que quiero hacer, te diría: un único espectáculo que abarque todos los días de la semana, compuesto por diferentes obras que se complementen de algún modo entre sí.