VíaPaís

 Padece una extraña enfermedad que convierte al sol en la peor herramienta de tortura para su cuerpo.

Su nombre es Sam Phelps y sufre una patología que hace que su piel se que queme y huela mal cuando es expuesta a los rayos UV. Por este motivo, su vida se asemeja mucho a la de un vampiro de la vida real.  

Un día soleado con los pies descalzos al borde de mar es, para muchos, lo más cercano a un plan perfecto. Pero no así para este joven de 27 años que padece protoporfiria eritropoyética (PPE), una extraña e incurable enfermedad que hace que su piel sufra una erupción y comience a oler mal cuando es expuesta al sol.

Poco importa si es verano o invierno, desde que el sol asoma este ingeniero naval se ve obligado a cubrirse de pies a cabeza para salir a la calle. De no hacerlo, el dolor que le produce exponerse a los radiaciones solares puede ser difícil de soportar. “Siento como si alguien estuviera apoyando un encendedor sobre mi piel, como si ella estuviera en llamas”, explicaba este originario de Bristol en una entrevista con Daily Mail sobre las consecuencias que puede traerle salir desprotegido.

Por este motivo, es que su vestimenta los días de sol incluyen, además de pantalones y remera de mangas largas, guantes y hasta una máscara para cubrirse la totalidad del rostro. Cuando Sam se pasea por lugares públicos, la manera en la que luce provoca asombro y reacciones adversas. “Ya tuve problemas con el personal de seguridad en ciertos lugares por tener la cara cubierta. Pensaron que era un criminal o algo parecido”, explicaba el británico al mismo medio.

Continua leyendo en Rumbos Digital