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Por Carlos Sacchetto

Comenzó de manera formal la campaña para unas elecciones primarias que no servirán para lo que fueron creadas. Las fuerzas políticas más importantes no dirimen competencia interna de candidatos en los distritos de peso electoral y la inutilidad de estos comicios, que tienen un elevado costo para el país, induce a que germine la idea de modificar la ley para eliminarlos en el futuro. Como en casi todo, se haría el recurrente procedimiento de prueba y error.

Estas Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) del 13 de agosto próximo sólo serán parcialmente convenientes para medir el pulso político de la sociedad. Con los datos que surjan, podrá hacerse un ejercicio de imaginación sobre las elecciones de octubre, que son las que en realidad valen, y sus posibles consecuencias para cada fuerza. Todo relativizado por el grado de incidencia que tengan en estos primeros resultados el voto vergonzante, el voto miedo, el voto bolsillo, el voto ideológico y el resto de las motivaciones que llevan a cada ciudadano a elegir su boleta en el cuarto oscuro, cuando se sabe que no está decidiendo nada práctico.

En un escenario con esas características, los mensajes proselitistas suelen perder valor como tales y son las actitudes las que adquieren mayor importancia. Esto se vio con claridad en la semana que pasó. La expresidenta Cristina Fernández, que lleva sobre su persona el principal interrogante que plantean estas elecciones, no hizo ni una sola referencia al calvario judicial y político que vive Julio De Vido, su exministro de Planificación Federal, quien atravesó como figura central los 12 años de kirchnerismo.

Fuentes confiables allegadas a la exmandataria aseguran que en una reunión que mantuvo en su departamento de la Recoleta con Carlos Zannini, Héctor Recalde y su hijo Máximo Kirchner, se evaluó la posibilidad de pedirle a De Vido que renuncie a su banca de diputado. Colaboradores del ex ministro negaron de plano que eso vaya a suceder.

Los intereses

En la plana mayor kirchnerista reconocen que ante la ofensiva del oficialismo para expulsar a De Vido de la Cámara de Diputados por “inhabilidad moral”, y el daño político que su situación le está provocando a la campaña de Cristina, ese gesto sería un valioso aporte a la causa. Pero el exministro no está dispuesto a inmolarse bajo el rótulo de símbolo de la corrupción, como lo hizo María Julia Alsogaray tras los años de menemismo.

El intento de Cambiemos se formalizará el miércoles próximo en la reunión de la Comisión de Asuntos Constitucionales, donde la voz de Elisa Carrió se escucha con fuerza. Todas estas circunstancias parecen haber contribuido para que De Vido bajara un poco el tono de su seguridad sobre la cobertura de impunidad que supo construirse. Después de haber dicho ante varios testigos “si el Gobierno me sigue jodiendo voy a dar a conocer las cuentas”, tuvo que presentarse ante la Justicia y negar que había pronunciado esa frase.

Era previsible, porque nadie está obligado a declarar en su contra y además el propio Mauricio Macri lo había desafiado a que contara todo lo que sabe. Ya era demasiada exposición, y Cristina consideró que su exministro se estaba metiendo en un barro que podría salpicar a todos. Los mensajes cruzaron rápido y las tensiones entre ambos fueron en aumento.

Con la campaña lanzada, las estrategias girarán por el lado del oficialismo hacia las consecuencias de la corrupción, la búsqueda de inmunidades por parte de la expresidenta y la necesidad de profundizar un cambio para no volver hacia atrás. Desde el kirchnerismo, el foco estará puesto con exclusividad en la situación económica, el deterioro salarial y el cierre de fuentes de trabajo.

Esos jueces

Aunque con muchas especulaciones a la espera de los resultados electorales, la trama judicial sigue cercando a personajes importantes del universo kirchnerista. La Procuradora Alejandra Gils Carbó, que mantuvo siempre un bajísimo perfil ante los medios, salió la semana pasada a mostrar una locuacidad que muchos interpretaron como derivada de su propio nerviosismo.

Sucede que es la primera vez que la jefa de los Fiscales afronta cargos concretos más allá de decisiones basadas en su clara preferencia política, y la veía venir. El viernes pasado, el juez Julián Ercolini la llamó a indagatoria para el 31 de agosto, acusada de los delitos de fraude contra la administración pública, abuso de autoridad, coimas, tráfico de influencias y negociaciones incompatibles con la función pública por la compra de un edificio para la Procuración por más de 43 millones de pesos.

Este es otro caso en el que tendrá repercusión lo que suceda en las elecciones. Si Cristina gana la primera senaduría en la provincia de Buenos Aires, se convertirá en el principal referente de la oposición y eso modificará la relación de poder que tienen en cuenta los jueces para continuar sus carreras. En cambio, si el kirchnerismo no prospera en su idea de resurgir como fuerza alternativa con posibilidades de proyectarse hacia el 2019, la Justicia será implacable.

Otro tanto ocurrirá en el Congreso, y en particular en el Senado. De ganar Cristina, el bloque que preside Miguel Pichetto se partirá entre peronistas y kirchneristas, pero si ella se incorpora por la minoría en la elección bonaerense la ruptura se dará igual, aunque en proporciones diferentes. Estas son sólo algunas de las consecuencias que tendrán los comicios de octubre. En menos de un mes podremos “orejear” las cartas e imaginar cómo viene la mano.